En una calle más de una ciudad cualquiera, un hombre se aprestaba a cruzar por una fila de lineas blancas rectangulares, un paso de peatones, la prioridad para cruzar era suya y como siempre actuaba de forma precavida mirando el accionar de los vehículos para no correr ningún tipo de riesgo, a su izquierda vio acercarse a poca velocidad un auto blanco conducido por una mujer, creyó que estaba frenando para dejarle pasar pero cuando fijo la vista en la conductora, esta miraba hacia otro lado y no aminoro la marcha, él soltó unos improperios callejeros para desahogarse, la mujer ni se dio por enterada, por un buen rato se quedo pensando en el mundo salvaje que vivimos.

Cada día tenía que enfrentarse a este clase de conductores que con sus malas maneras a la hora de conducir estaban contaminando a los demás automovilistas, a los que si respetaban básicamente al prójimo obedeciendo las señales de tránsito.

Se dio cuenta de que con el insulto no llegaba a nada, que podría hacer para que se sienten a reflexionar en su accionar frente al volante era temerario, una exposición a otras personas de riesgos innecesarios.

Unos días adelante se volvió a topar con la misma mujer del coche blanco, se abrió paso entre los peatones que esperaban cruzar por el paso de cebra, la mujer como si nada, ni siquiera miró al costado. No se resistió desde lo más profundo suyo le salió, no lo pudo evitar, con todo la bronca contenida, por su boca salió como un misil “un escupitajo”, que impacto y se propago por todo el cristal del acompañante, fue el momento de la conversión en “el hombre guanaco”, el coche se detuvo por un segundo, vio a la mujer que miraba por el espejo retrovisor con cara de sorprendida , él le enseño las fila de rectangulares que le daban prioridad para atravesar la calle, el auto se perdió a toda velocidad por la avenida, percibió las miradas de asombro de las personas que contemplaron la transformación y salio corriendo para perderse en la ciudad.

Un sentimiento que nunca había experimentado afloro en su cuerpo mientras su mente reproducía la secuencia una y otra vez, era una mezcla de felicidad y desahogo, por fin su reclamo de prudencia parecía haber llegado a destino.

Con el tiempo su saliva se propago por los autos, taxis, autobuses y camiones que circulaban sin respetar las señales de transito, no era ningún suicida los enfrentaba en lugares donde no podían volverse atrás, grandes avenidas, accesos a la autovía, nunca sabia con que loco podría encontrarse en la calle, así que tomo las precauciones, uno tras otro fueron cayendo victima del hombre guanaco.

En otra cruce mas de la urbe se reencontró con su primer víctima, la señora del auto blanco, puso su pie en el asfalto y como nunca antes del incidente la mujer miro hacia los peatones poniendo freno a su imprudencia y convirtiéndolo en una leyenda.

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Bloguero a tiempo parcial, las “Notas de Unit” es el lugar donde exploro sensaciones a través de las palabras.

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