Caminaban en fila, tenían prohibido levantar la vista, solo podían ver el suelo, las reglas del miedo, el mundo se había ido al carajo hace tiempo, la humanidad se había suicidado y solo quedaban rastros de ella en viejos libros.

Los machos alfas dominaban y temían el poder de las féminas, por eso, no dejaban que se relacionen, que tengan voz propia, solamente podían ser libres dentro de sus aposentos cuando se iban a dormir, luego de haber trabajado duro durante toda la jornada.

Así, eran sus días en la Fortaleza, esclavas del sistema impuesto, su única misión en la tierra era la de procrear y servir a los machos alfas hasta la muerte. Ser fémina era un calvario, de principio a fin, vivían sujeta a las decisiones, en muchas ocasiones, aberrantes de sus amos.

A lo largo de los años, varias féminas intentaron en vano escapar de la Fortaleza y como recompensa recibieron el filo de un cuchillo pasar por su cuello. Otras pudieron decidir por primera vez y resolvieron irse al más allá, las demás pertenecían al rebaño, sin moverse un centímetro de él, por miedo a represalias.

Entre las ovejas, siempre hay una descarriada y en la Fortaleza una morena iba a contracorriente, a pesar del adoctrinamiento, pensaba, para adentro tenía voz, una mente autonómica a donde los machos no podían llegar que, equivocados, pensaban tener todo bajo control.

La morena desde joven era distinta, tenía “la suerte” de servir al oráculo, el único sitio donde los viejos libros se mantenían con vida. El anciano, años atrás había tenido un percance en una de su piernas y enseño a su fémina a leer para que le ayude con sus tareas, se abrió una puerta trasera, se disparó un apetito voraz de libertad y utopía.

Cuando podía, se llevaba un libro para leerlo por las noches, bajo la tenue luz que entraba por una diminuta abertura que daba al exterior y así fueron pasando historias de otro mundo, un mundo muy distinto al de La Fortaleza, eran historias de papel.

La mente engordo, los machos alfas pasaron a ser dictadores, la féminas a ser esclavas, ángeles y demonios, vestigios de otro mundo. De a poco fue traspasando su poder a otras iguales, en poco tiempo se constituyó un ejército de libre pensamiento, con voz propia, una revolución en silencio, con una única arma, el conocimiento, un rastro que resultó fatal para los machos alfas.

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