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Respuesta a Leo (carta)

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Querido Leo:
                                       Tus palabras han abierto un sentimiento único, solo haber logrado esta conexión contigo a través de mis textos es suficiente premio para mí. Al ver que te quedaste hasta las tantas, para describirme de manera genial lo que sentís leyendo mis escritos: ¡No tiene precio!, tal reza el desgastado slogan.
 
Y como explicarte el orgullo que siento cuando apareces en el timeline de Facebook, demostrando que llevas el arte en las venas. Verte cantar, escribir, pintar, filmar, explorando la vida desde esa perspectiva que solo la conocen las personas especiales como vos.
 
Desde la lejanía impuesta por el camino elegido, es difícil no ponerse melancólico y nostálgico viendo retazos de vuestras vidas en pantallazos, aunque esta hermosa conexión a través de frases familiares, ha logrado que en mi interior suene una melodía dulce como un buen tango de Piazzolla.
 
No quiero extenderme mucho, a juego con el tipo de redacción con la cual estoy ensayando, pintándote mi sentir escuetamente al recibir tu regalo nocturno. Sigue volando tu camino, que se te ve feliz junto a la bandada de amigos/as que tienes.
 
Te quiere Mucho, tu tío Alejandro.
 
 
En respuesta a la publicación de mi sobrino Leo en Facebook:
 
Notas de Unit (para el Hombre Guanaco)
– Buenos Aires – Jueves 13 de Oktubre – 2:39am


La mezcla de la melodía de una música relajante, meditativa, para adornar la noche lluviosa que encontró respuestas con solo leer algunas líneas sobre un texto que nos hace aprender sobre los errores. Cuando los errores convertidos en sabiduría, reclaman a gritos el viaje interior. Donde el Alma y el cuerpo, luego de un hachazo volvieron a unirse sin pensarlo, sin desearlo, acomodándonos, casi ordenando los sentimientos que fuimos encontrando mientras transitaba la noche del descubrimiento.

La lluvia como siempre al caer en el techo de chapas, ya sin agujeros, soldados con sueños de regresos, volando dentro de la habitación sonora de la emoción. Encontrada en la calle CUPIDO, para ser más exacto, Cupido 6055, Donde aún vive la Reina del Amor.

Las lágrimas fueron derramadas con suavidad. La misma suavidad con la que las gotas de la lluvia humedecían e hidrataban el corazón solitario del hombre guanaco, que permanecía despierto mientras las demás mentes se iban durmiendo. 

Su soledad era un regalo que había encontrado entre sus sentimientos. La oscuridad mostraba los detalles de cada rincón en su corazón. Las horas imparables, continuaban su ritmo, con el fin de volver a encontrar al Sol del amanecer, luego de esos sueños vívidos que lo hacían re-encontrarse con su niño interno.

Las poesías crecían y cobraban sentido. Las Palabras Unidas en una oración aclaraban su mente que deliraba día y noche, sin cesar. Desató sus cordones que anudaban la garganta, y con sus pies descalzos rompió en llanto su grito de libertad.

La distancia ya no existía, estar aquí era lo mismo que estar allá, si él lo decidía.
La gente siempre lo espera, porque su alegría es necesaria para todas aquellas personas que no saben para dónde correr si los fantasmas absorben sus fantasías de una luna llena que llegó justo para movilizarlos. La tierra húmeda entre los dedos luego de la lluvia que logró limpiar sus ojos cansados, de visiones inevitables. De lugares inhabitados por los seres de éste mundo. Dimensiones que encontramos cuando nos paramos frente al espejo, al mirarnos y observar cada gesto. 
 
Y Recordar que las caídas fueron hechas para los valientes que se animan a levantarse cada mañana a enfrentar el infierno, creado por nosotros. Donde siempre encontraremos el fuego para encenderlo, en caso de que la llama de su corazón esté a punto de extinguirse, como un cigarrillo consumiéndose solo en un cenicero de porcelana con restos de amargos momentos, donde respirar despacio, sana cada una de nuestras heridas, esas que valen la pena su cicatriz. Sales que hacen arder el dolor, y sentirnos vivos. Con las esperanzas de salir y entrar en el momento exacto, para controlar con orgullo, y sentir con firmeza todo el amor que nos enseñaron compartir. Ese que nos mantiene de pie.
 
Empujando para que la dirección de nuestro camino sea hacia adelante, descubriendo cada sorpresa escondida en los tesoros que ni siquiera nos propusimos buscar. Conexiones de almas familiares que hacen crecer el fuego que da luz, aunque el sol muera y los ojos sangren de felicidad.

Leo
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Alejandro Basualdo

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