El calor era insoportable en la azotea del edificio Iris, ubicado en Arroyo de la Miel, aun así, alguien tenía que impermeabilizar los casi mil metros cuadrados para evitar posibles filtraciones que podrían llegar junto a las próximas lluvias, y ahí se encontraba el pelado junto a su rulo para realizar la faena.

Cada tanto se echaba una pausa a la sombra para saciar la sed con las bebidas que traía en su pequeña, aunque rendidora, neverita color turquesa. La ola de calor se llevaba a unas cuantas personas hacia el otro barrio, por eso era precavido todo lo que podía, una gorra, líquidos y ropa clara, no vaya a ser cosa de facilitarle la tarea a la parca.

Mientras estiraba el caucho rojo con el rodillo, en su cabeza se disparaban pensamientos, eso era lo bueno que tenía este tipo de tareas, podía escabullirse un rato en su mente, divagar o reflexionar sobre algo, mientras ponía el resto del cuerpo en modo automático. Esta vez, el tema se focalizó en su suerte: Pintar una terraza con cuarenta grados a la sombra. Le gustaba jugar con las perspectivas, los puntos de vista son totalmente distintos según la posición. La fortuna de estar achicharrándose para llevar un bocado a casa, no escapaba a este juego.

Pensaba en los distintos ángulos de visión, la mayoría le trituraban la cabeza: ¡Vaya suerte con el calor que hace, el pobre tipo cocinándose! ¡Ni por todo el dinero del mundo me subo a pintar con este solazo! ¡Prefiero ir al paro!, y hasta un ¡Pobre chaval! retumbó en su cabeza. Todas ellas estaban lejos de aliviarle el día, ponían más leña al fuego.

Por suerte, valga la redundancia, estaban las demás miradas, las que calmaban las heridas, las que entregaban una bocanada de oxígeno extra cuando su cuerpo empezaba a desfallecer: ¡Cuánto daría por estar cocinándome ahí arriba! ¡De que se puede quejar, si tiene curro! ¡Prefiero eso ante de comerme el coco en casa! ¡Que se alegre que tiene trabajo!

Se quedó reflexionando, hasta que dio por concluida la disyuntiva y declaró a su suerte ambigua, y como no quería tentar más a la misma, aceleró el paso para estirar la lana de vidrio en la parcela en donde ya había esparcido el impermeabilizante, vaya a ser que por filósofo le otorguen más tiempo para pensar.

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